ODONTOPEDIATRIA LA SALUD DE LOS MÁS PEQUEÑOS DE LA CASA

La odontopediatría es una parte de la odontología que se encarga del cuidado y mantenimiento de la salud oral del niño de una forma integral.  Se intenta prevenir la enfermedad oral desde el embarazo de la madre, siguiendo las diferentes etapas de desarrollo y crecimiento del niño hasta su madurez (alrededor de los 18 años). Desde muy temprano el niño puede acostumbrarse a cuidar su boca con medidas preventivas y motivarse positivamente para mantener una correcta salud oral a lo largo de la vida.

 

 


He aquí las fases de desarrollo de un diente, desde su formación en el embrión, en torno al día 40 después de que se produzca la concepción. Los futuros dientes de leche del niño se completan en torno al quinto mes de vída intrauterina. Así pues, cuando los bebes nacen tienen ya sus dientes bajo sus encias.

¿Cuando comienzan a salir los dientes?

No existe un momento fijo para la salida del primer diente. Generalmente el proceso suele iniciarse entre el sexto y septimo mes, pero es normal tener que esperar, a veces, hasta los catorce meses.

Primero salen los incisivos centrales inferiores, después los superiores, a continuación los incisivos laterales, inferiores y superiores. Los molares más internos (inferiores y superiores) salen entorno a los 14 y 20 meses de edad. Después salen los caninos, inferiores y superiores y los molares externos.

¿Desde qué edad se debe llevar al niño al odontopediatra?

Los dientes de leche se forman durante el embarazo de la madre. Por esta razón, y durante esta etapa de la vida se debe cuidar la alimentación ya que determinados alimentos influirán directamente en la formación de los dientes del futuro bebé. Las cantidades necesarias de calcio, fósforo, vitaminas, etc., ayudarán a crear unas correctas estructuras dentarias. Del mismo modo, los problemas relacionados con un embarazo problemático y/o un parto prematuro pueden crear, potencialmente, anomalías del crecimiento y desarrollo dentales. Por ello, las visitas al dentista u odontopediatra deberían comenzar durante el embarazo de la madre.

¿Es recomendable llevar al niño al dentista antes de que tenga dientes?

Son muchos los consejos que el odontólogo infantil puede ofrecer a los padres para prevenir la enfermedad antes de que ésta aparezca. Pensemos, sin ir más lejos, que el niño nace sin caries y, para prevenirla, mucho antes de que el niño tenga dientes, debemos limpiar sus encías después de cada toma. Es la mejor manera de prevenir una caries temprana en los futuros dientes de leche. Para ello, podemos utilizar una gasa y limpiar no sólo las encías, sino también la lengua, arrastrando los restos de leche o cualquier otro alimento. Esta operación debe llevarse a cabo después de cada toma o, como mínimo, una vez al día, preferiblemente después de la última toma.

Desde el mismo momento de la erupción de los primeros dientes, se pueden encontrar en el mercado diferentes opciones para su correcto cepillado, desde los dedales de silicona o látex hasta los cepillos de pequeño tamaño y filamentos muy suaves que, sin duda, son verdaderas caricias para el niño. Hay que recordar que la responsabilidad de un correcto cepillado va a recaer en los padres, al menos, hasta los ocho o nueve años. Los gérmenes de la cavidad oral de los adultos próximos al niño pueden transmitirse a su boca a través de la saliva

¿A qué edad salen los primeros dientes?

Los dientes de leche o temporales, comienzan su erupción a los seis meses de edad, empezando por los dos dientes centrales inferiores. Hasta los 30-36 meses de edad se produce la aparición completa de los 20 dientes temporales. Tras esta etapa, se mantendrán sin recambios hasta los seis años, momento importante en el que comienza la salida de los dientes permanentes.

¿Molestan los dientes de leche al salir?

Aunque se han asociado determinados problemas  con la salida de dientes (la aparición de fiebre o el aumento de procesos infecciosos), no está demostrado que sea la causa directa. Existen en el mercado soluciones o pomadas destinadas a aliviar estas molestias. Hay que advertir que algunas contiene gran cantidad de azúcar (en forma de sacarosa) que puede dañar a los dientes, y otras, que contiene alcohol (en forma de etanol), nada recomendable para un bebé.

EL CHUPETE

El chupete siempre debe estar limpio, con los bebes conviene limpiarlo y jabonarlo con detalle y esterilizarlo frecuentemente. No debe atarse con cordones o cintas al cuello del niño ya que podría enredarse y dificultar la respiración del niño.

Nunca untarlo con miel, azúcar o jarabes (incrementan el riesgo de caries).

Hay que reemplazar el chupete cuando éste se desgaste.

La utilización del chupete puede producir ciertas alteraciones en las estructuras orales.

Estas alteraciones son mayores si se utiliza más allá de los 2 años de edad; por lo tanto se aconseja retirarlo como más tarde entre los 24 y los 30 meses de vida del niño.

Como Actuar ante un golpe en los dientes:

Ante un golpe en los dientes es conveniente acudir al odontoestomatologo, aunque no se aprecie nada que nos alarme, ya que si se aplica un tratamiento precoz el riesgo de complicaciones posteriores se minimiza.

Los golpes en los dientes de leche pueden afectar directamente a los dientes permanentes en formación (alterando la forma, el color, la dirección de salida, etc….)

Si su hijo se golpea la dentadura permanente o definitiva y rompe parte de un diente, y si encuentra el fragmento guárdelo en suero fisiológico, leche ó agua y acuda al dentista con rapidez. En la mayoría de los casos el fragmento puede adherirse al diente roto.

Si un diente permanente, por un golpe, sale por completo de su posición en la boca acuda al dentista con urgencia (cada minuto es vital). Conserve el diente en suero, leche o saliva, incluso vuelva a colocarselo a su hijo en su lugar.

La Fluoración de  Aguas:

El Flúor es un elemento químico del grupo de los halógenos y que jamás se encuentra en estado puro, sino en combinación con otros elementos. El flúor, siempre en combinación con otros elementos se encuentra ampliamente distribuido y extendido por la corteza terrestre, incluido los océanos.

El Flúor es realmente útil para la prevención de la caries dental. Desde hace más de cincuenta años está documentado en multitud de estudios la utilidad del flúor en la reducción de la caries. La definición de los mecanismos de actuación, de los protocolos de administración así como de sus dosis óptimas ha ido cambiando a medida que se ha progresado en su conocimiento y seguramente también lo seguirá haciendo en el futuro, pero nunca se ha cuestionado su validez frente a la caries. Se ha descrito una reducción de hasta el 75% en la incidencia de caries con la aplicación de flúor en sus diversas modalidades.

La primera fluoración artificial se llevó a cabo en EEUU en Gran Rapids, Michigan, al fluorizar su agua pública, en el año 1945. Desde entonces se ha aplicado en múltiples formas (ingerido y tópico) y emplendolo en miles de millones de personas, por lo que se tiene gran experiencia sobre su uso.

En Bizkaia la mayor parte de las aguas se encuentran flouradas para beneficio de quienes las bebemos.

La utilización del Flúor no es peligrosa ni puede producir alergias si las dosis que se usan no son tóxicas y para que esto ocurra deberíamos usar una cantidad muy fuerte. Con más de cincuenta años de experiencia en su empleo de manera artificial varios cientos de Organizaciones científicas mundiales respaldan la seguridad de su utilización.

El Flúor tiene dos maneras de administración:

Sistémico: Es el que se ingiere. Básicamente acturá en los dientes en formación, aunque como se ingiere por la boca también tiene un cierto efecto tópico. Útil sobre todo en niños.

Tópico: Es el que se aplica exclusivamente en los dientes y luego se expulsa. Es la forma más extendida de empleo. Util a cualquier edad. Mucho más concentrado que el sistémico y mayor riesgo de intoxicación o fluorosis si se ingiere.

La aplicación tópica no tiene ninguna contraindicación.

El flúor sistémico se elimina a través de los riñones, por lo que aunque no ocasiona ningún daño a los mismos (ni siquiera tras una sabrexposición crónica o una intoxicación aguda), cautelosamente se recomienda no administrarlo en pacientes con patología renal.